Lunes. 07.02.22 07:54
En la acera de P. García Tejero,
justo enfrente del campo del Betis…
Grietas.
Grietas nocturnas.
Grietas mudas,
laceración de la que emergen borbotones informes de agua
que no saciarán la sed de los que damos inciertos tumbos entre luces y sombras.
Ahí,
en la acera cotidiana,
en medio de los pasos mecánicos,
extraña sorpresa al amanecer cotidiano.
Ahí,
agua
que convulsiona,
que se desperdicia,
que huye…
Ciegos,
abducidos,
miedosos.
No podemos hacer nada.
No podemos arreglar la rotura.
No podemos pararnos
y purificarnos.
Así vivimos:
sobreviviendo como podemos,
asustados,
enmascarados,
refugiados en nuestros fetiches
mientras deambulamos
en medio de un paisaje de pesadilla,
entre máquinas de pesadilla,
entre la cotidiana incertidumbre
sin centro de paz.
No nos conocemos.
Huimos.
No hay maestros.
Improvisamos.
No hay mapas.
Sólo propaganda.
Grietas,
mudez,
agua sobre el cemento corroído:
… barro tóxico
en estas aceras de desolación
que pisoteamos
como pisoteamos las posibilidades de esperanza.
Dañados,
dañamos
lo que no somos capaces
de reconocer como
posibilidad de regeneración,
de revitalización,
de renacimiento.
Nos duelen las manos del frío que hace.
¿Qué peso nos arrastra?