Dios amoroso,
los que dicen conocerte/controlarte van de negro, negro, negro.
Creen que Te manosean.
Creen que Te encapsulan.
A veces, intuyo, que quisieran golpearnos por nuestro bien
con la celda dorada
con la que creen que Te exhiben como un trofeo de caza.
Dios presencia,
¿Cómo entender tus promesas de salvación?
Los que dicen entender son aburridos y dicen palabros como soteriología.
Pretenden encerrarte en ecuaciones inverificables,
a Ti, sembrador del ansia ,
niebla que queda en la quietud del cuerpo y del alma.
Dios camino,
¿Qué debo/puedo cambiar en mi mente y en mi corazón?
Los que se consideran nuestros apacentadores reburbujean catecismo y derecho canónico.
No responden a lo que inquieta mi corazón
con sus brochazos/latigazos de doctrinas de segunda o tercera mano.
¿Qué sustenta las metáforas de nuestros lenguajes acerca de ti?
Rezo como puedo con raspas de corazón herido.
Rezo cuando puedo con despojos de palabras y emociones.
Rezo y rezo y rezo desde las aceras craqueladas de mis ciudades.
¿Cómo sabemos de tu presencia, abisal, luminosa, vital entre nosotros?
¿Dónde ver tu luz?
¿Cómo?
Muchas veces intuyo que es mejor callar,
silenciarse.
Silenciarse y silenciarse
entre tanto y tanto escombro.