domingo, 23 de abril de 2023

VIVIR SE HA PUESTO RESBALADIZO


Dios de los hombres.

El vivir cada día es más resbaladizo

en estas ciudades hostiles,

codiciosas,

que nunca duermen.


Ciudades que, sin piedad,

ingurgitan,

crudos,

todos los amaneceres,

a los que entran,

como enjambres alucinados,

por sus túneles,

por sus autopistas,

por sus trenes,

camino de sus sofisticadas 

y prestigiosas sirgas.


Dios de los hombres.

- ¿De qué si no? -.

Tenemos la sensación

de que no podemos huir

de las semanas inmundas 

que nos tocan vivir.

Nos sentimos vulnerables,

llenos de incertidumbres,

ambiguos.

Vivimos disfrazados con obscenas pólizas de seguros,

pero nos asemejamos a yonquis 

aislados en nuestras redes

con miradas amarillosas. 


Dios de los hombres.

Insisto.

Estas son nuestras condiciones reales,

diarias

en las que nuestros cuerpos

sobreviven

girando y girando

desquiciados

entre escombros culturales

y nuestras sombras 

nos aúllan

de día y de noche

como un tinnitus oxidado

que ruge

y ruge

y ruge.


Nuestra fe hiberna.

Rezamos como podemos

porque nadie nos ha enseñado

a rezar en estos tiempos de escombros.

No sabemos bien

si anhelamos tu presencia

o generamos 

una inmensa alucinación

arcaica,

abisal…

que acentúa aún más

los fracasos, 

las irrealidades,

las desesperanzas.


Dios de los hombres.

¿Somos presagios de ruinas

con nombres propios?


Dios de los hombres.

¿Dónde estás?