Dios de los hombres.
De todos y cada uno.
Desde siempre, para siempre.
Fulgor en los silencios.
Vínculo en las biografías.
Comunión en el poder de lo real.
¿Qué tipo de ser soy?
¿Qué rige mi entendimiento?
¿Cómo me llamo de verdad?
Huyo de mí.
Huyo de Ti.
Huyo de la realidad.
Huyo de los tiempos que me tocan vivir.
Huyo en tiempos de fracasos,
Huyo en tiempos de soledades,
Huyo en tiempos de huidas.
Tiempos de monedas sádicas que,
hablando en inglés capitalista,
desean enloquecernos
con sus simulacros,
con sus ficciones,
con sus imperiales Nueva York
de ansiedad y capitalización,
de criptomonedas y robots
ávidos de fantasmales plusvalías.
Vivo sumergido en ruidos,
nocturnos,
antiguos,
infames
que chirrían en mis sienes,
oxidados,
como si fuera un panzer
horrible y ominoso.
Vergüenza.
Miedo.
Culpa.
Dios de la humanidad.
Dios del silencio
Fundamento, energía, dinamismo.
Silénciame.
Céntrame.
Aligérame.
Purifícame en mis desiertos…
en los desiertos de mis soledades,
en los desiertos de mis insomnios.
en los desiertos de mis negaciones.
Desmiente lo peor de mí.
Desmonta mis sistemas de mentiras.
Defiéndeme de mi.
No sé cómo lo harás.
No sé qué novedades aparecerán.
No sé qué quedará de mi identidad,
si es que existe algo así.
Ábreme la mirada.
Ábreme el corazón.
Ábreme la sensibilidad.
Quiebra los hierros de mis corazas.
Disuelve las maquinarias que me robotizan.
Desmantela mis blindajes de máscaras falsas.
Hazme disponible al abrazo.
Hazme peregrino amable en el camino.
Hazme samaritano inteligente
en las aceras de las ciudades donde vivo.
Ábreme la intuición.
Ábreme la consciencia.
Ábreme la capacidad de acogida.
Vincúlame más.
Sácame aún más de mis seguridades.
Libérame de mis autoengaños.
Bendíceme.
Sabes que chapoteo cercano
a las charcas de la desesperanza,
de la mezquindad,
del vacío.
Dios de los hombres.
De todos y cada uno.
Desde siempre, para siempre.
Sanéame.
Susténtame.
Aliméntame.